Tradición de los Natha Yoguis

Tradición de los Natha Yoguis

Representa un aspecto particular de la vida espiritual hindú y su ideal es descripto con la palabra sâmarasya, que implica asimilación de diferencias, no por un proceso de trascendencia como en el samkhya o sublimación como en el vedanta sino por un proceso de mutua interpenetración. Este ideal está implícito en el principio de unificación Purusa-Prakrti o Shiva-Shakti. La unión de estos dos últimos permite alcanzar el objetivo que se denomina mahâ shakti.

Este movimiento espiritual instaurado por Goraksanâtha a partir del primer siglo de nuestra era, se expandió por toda India especialmente en el centro y el norte, y también en Nepal. Los adeptos a este culto se denominan nâtha yoguis (de Maestro, Señor, Protector), nâtha siddhas o nâtha; el nombre o título de maestro estaba en relación al logro de la realización. También se los denomina kâmphatas por perforarse las orejas para usar grandes aros. Este movimiento sobrevive actualmente.

La tradición se remonta al guru supremo: Âdinâtha, nâtha primordial de quien procede todo el conocimiento transmitido de maestro a discípulo (sampradaya).

El señor de los nâtha es Âdinâtha, Îshvara, el Señor de los yoguis; el modelo de los mismos. Âdinâtha está identificado al dios Shiva y los nâtha yoguis son principalmente shivaítas, aunque se aproximen al visnuismo, al budismo y los elementos shaktas tengan gran importancia. Por esto es difícil de definir y delimitar. Brahmânanda en Jyotsnâ afirma que Âdinâtha o Shiva fue el primer nâtha yogui.

Las características shivaítas más importantes que adoptan son la triple marca de ceniza en la frente, el tridente (trisûla); el cordón sagrado negro en la cintura, los grandes aros semejantes a los de Shiva en su representación antropomórfica.

El cuarto capítulo del HP referente al samâdhi comienza diciendo "Adoro a Shiva el guru, con la esencia de nâda, bindu y kâla."

El primer ideal es la realización del jivanmukti a través de las prácticas que aseguren un cuerpo de luz, inmaculado, libre de la influencia del tiempo, para realizar luego para-mukti o perfección máxima a través del proceso de mutua integración realizando en el propio cuerpo la unión de Shiva-Shakti.

Eliade² afirma que la escuela de los nâthas y los siddhas empleaba una técnica yogui-tántrica: ujana-sadhâna, proceso de regresión, es decir la inversión total del comportamiento humano, desde el comportamiento respiratorio (reemplazado por el prânâyâma) hasta el comportamiento sexual (anulado por la técnica de regresión del semen).


¹ : SOUTO, Alicia, Una Luz para el Hatha Yoga, Traducción y comentario del Hatha Pradipika, ed. Lonavla Yoga Institute, Buenos Aires, 1998, pág. 209-210.
² : ELIADE, Mircea, Yoga, Inmortalidad y Libertad, La Pleyade, Buenos Aires, 1977, pág. 303